Claves para amar al otro y querer su felicidad: qué dicen los expertos en familia

Les comparto la experiencia que tuve en el Congreso internacional de Familia “amor + Amor = felicidad”, realizado en Cajicá (Cundinamarca) por los 25 años del Centro Apostólico de Servicio a la Familia (CASAF), junto a la pastoral familiar de la Diócesis de Zipaquirá y la Fundación Ser Fraterno. Me deleité con ponentes como el español Tomás Melendo, el argentino Cristian Conen y la colombiana Marcela Trujillo de Zuluaga.

 

*Por: Claudia Giovana Venegas R., Psicóloga y Magíster en Asesoría familiar y gestión de programas para la familia; consultora de la Fundación Ser Fraterno.

“Invernadero”
Es increíble el ambiente que se vivió allí, ya que me permitió hacer una relectura de mi manera de ser y hacer en el amar, a través de las intervenciones de cada conferencista. Monseñor Héctor Cubillos, Obispo de Zipaquirá, comparó este congreso con un invernadero, pues percibió que tenía las condiciones perfectas para hacer crecer familias fortalecidas y renovadas en el amor. Puedo decir que esta comparación es perfecta; la calidez humana de cada exponente, así como la alegría que transmitía cada colaborador de este evento hizo que las horas de reflexión fueran enriquecedoras y por lo tanto productivas.

Los invitados a este encuentro permitieron a los participantes adentrarse en el verdadero significado de la felicidad y del don de sí mismo. Así pues, como las plantas de un invernadero, fuimos regados por la fuente del conocimiento y abonadas con tiempos de reflexión y oración. Quisiera sin más tardanza compartirles algunas reflexiones claves, que creo nos pueden servir en este caminar que estamos construyendo para ser mejores amantes de nuestra familia y de nuestro prójimo.

La felicidad

La felicidad es un estado del alma que se puede vivir todos los días, pues es una decisión que tomamos. Es dejar de pensar un poco en nosotros mismos y abrirnos a la intimidad de las personas que nos rodean. Esto quiere decir no pasar de lado, sino buscar las maneras de conocer al otro, para así saberlo amar verdaderamente.

La psicóloga y especialista en familia Marcela Trujillo de Zuluaga nos compartió que amar es un proceso educativo que se vive primeramente en la familia, y cómo este puede llevar a la persona a encontrar la felicidad, y por consecuencia su propósito en la vida. Ella nos invita también a pasar del modo “me” (yo) al modo “we” (nosotros), pues de no ser así estaremos buscando la felicidad en los placeres, limitándonos a complacer nuestros sentidos. De tal modo que estar pensando en la felicidad de las personas que se encuentran más cerca de nosotros nos lleva a alcanzar el gozo, el cual no se queda solo en los sentidos, sino que transciende hasta el alma.

Descentrarse

En esta misma línea de ideas, el español Tomás Melendo, doctor en Ciencias de la Educación y en Filosofía, afirma que la felicidad solo se consigue cuando no se le persigue, pues la persona está hecha para amar (darse) y cuando logra comprender esta primicia, encuentra la felicidad por añadidura.

El hacer felices a los demás y buscar su crecimiento desinteresadamente hace que seamos más humanos, perfeccionándonos en el amor. Por el contrario, si la persona humana se centra en su dicha (felicidad) se producirán dos efectos: no podrá alcanzar la dicha tan anhelada y tampoco podrá adentrarse en la intimidad de los que lo rodean para que encuentren la suya.

El deseo verdadero y generoso de conocer al otro nos lleva a aceptar y amar su intimidad, y por lo tanto a querer su felicidad. Pienso que esta es la tarea de todo padre de familia: ayudar a buscar a los hijos el propósito por el cual Dios los ha creado. Para esto todo progenitor debe salir de sí mismo, dejando de lado toda creencia y estructura mental que bloquea el conocimiento de la persona. Así pues, la felicidad de cada miembro de la familia viene a ser el gran detonante de nuestra propia felicidad y realización, ya que fuimos creados para amar.

Ecología de la familia

El argentino Cristian Conen, doctor en Derecho Matrimonial, orientó sus palabras hacia la vida de pareja, recordándonos que no elegimos nuestra pareja por sus cualidades, sino por su persona, convirtiéndose esta en mi proyecto de vida. Donde la fidelidad (solo contigo) es el arte de permanecer enamorado de la persona que Dios me regaló para hacerla feliz. A continuación, les comparto algunas de las herramientas que este experto propuso a las familias para saber amar:

Para la pareja: Tener hábitos saludables, sueños y proyectos comunes, compartir mutuamente sus mundos interiores, respetar el querer del otro, expresar a través de palabras y gestos el afecto, conocer la manera como a mi pareja le gusta que se le manifieste el amor, distribuirse las tareas de la casa, aprender a comunicarse bien y a afrontar conflictos.

Para con los hijos: Ayudarles a identificar lo propio de cada uno, entrar en su intimidad con prudencia y amor, generar las circunstancias para que se encuentren con Dios (hijos pequeños) o hablarle a Dios de nuestros hijos (hijos adultos), educarlos con calidez y autoridad (no con autoritarismo).

Estos grandes conferencistas facilitaron a través de la fe y la ciencia una nueva mirada sobre el arte de amar y la felicidad, aportando estrategias valiosas para la vida de la familia y de la pareja. Nos abrieron el deseo de conocer al otro para amarlo mejor, centrándonos en su propia felicidad, pues fuimos creados para amar, de tal modo que el desafío que tenemos para esta época en que vivimos, según Cristian Conen, es humanizar la humanidad a través del reconocimiento del otro como persona digna de ser amada.

Espero que estas claves que te compartí te sirvan para orientarte en el camino de la felicidad o para entrar en “la onda de la felicidad”; trabajo personal que debemos emprender a la luz de la Fe, reconociendo en cada momento de nuestra vida cotidiana el verdadero motor que te mueve a amar y a ser feliz.

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