¡Vivamos la Navidad! Claves para comprender sus símbolos sin distracciones

La Navidad es un tiempo de alegría por el nacimiento del Niño Jesús, nuestro Salvador. Sin embargo, la sociedad de consumo en la que vivimos inmersos (muchas veces sin darnos cuenta) desvía nuestra atención con distracciones que nos hacen olvidar el auténtico sentido de esta maravillosa época.

Por: Francisco Rubio y Martha Valencia, esposos, padres de Juan Antonio, formadores de la Fundación Ser Fraterno y especialistas en desarrollo personal y familiar.

Es muy importante y necesario vivir la Navidad desde su verdadera esencia, así como enseñar a nuestros hijos sobre el valor de esta hermosa época. Para ello es fundamental compartir en familia y contagiar a todos nuestros seres queridos y amigos al ser testimonio del inmenso gozo de celebrar al Niño Jesús en nuestras vidas, en lugar de la alegría pasajera de una fiesta vacía y enfocada en lo material.

Debemos vivir con fe el tiempo de Adviento, tiempo de preparación. Vamos a celebrar el nacimiento del Niño Jesús, lo estamos esperando, ¡así que preparémonos! El inicio de nuestro calendario litúrgico nos invita a hacerlo durante el Adviento, tiempo propicio para la reconciliación y el perdón: momento propicio para ¡preparar nuestro corazón para recibir al Niño Jesús!

Durante este tiempo de preparación, los símbolos de la Navidad también nos ayudarán a mantenernos enfocados en su verdadera esencia (conozcamos el significado para evitar caer en simples y vacíos adornos, así como en gestos que terminen generando distracción):

La Corona de Adviento. Celebremos en familia cada domingo de este tiempo meditando, con la Corona de Adviento, sobre la presencia y enseñanzas de Jesucristo en la vida familiar (aquí una guía). Encendamos también las velas durante las cenas familiares de la semana, procurando que todos los miembros participen (por ejemplo, encendiendo y apagando las velas y haciendo una oración).

El Pesebre. Profundicemos en silencio con cada personaje y cada elemento del pesebre. Regocijémonos en nuestro corazón con la estrella de Belén como guía, la humildad y pobreza de la pesebrera, el fíat de María, la obediencia de José, la esperanza de los pastorcitos, el reconocimiento de los sabios de oriente, el Gloria entonado por el coro de los ángeles… y el Amor divino hecho hombre en el Niño Jesús.

El Árbol de Navidad. Construir y adornar el árbol es un excelente plan familiar. Que el verde de las hojas nos recuerde la vida y la esperanza que nace en el humilde pesebre, que las luces sean la señal inequívoca de la luz que Cristo trae al mundo y a nuestras familias, que los lazos sean el signo de la unión familiar y fraterna, que la estrella de Belén nos guíe hacia el Niño Jesús recién nacido, y que las bolas rojas nos recuerden la culpa del pecado original que nos mereció tal Redentor.

Las Novenas de Navidad. Participemos activamente en las reflexiones y oraciones que nos preparan en esos días previos al nacimiento del Niño Jesús. Compartamos gozosos con familiares y amigos estos espacios para sembrar con amor las semillas de la esencia del Amor.

Solidaridad y misericordia. Con humildad de corazón, dándonos sinceramente, vamos en familia a servir a quienes necesitan una mano amiga, un espacio de compañía, una palabra de esperanza. Con gozo sirvamos a Dios a través de nuestros hermanos en necesidad, no para una foto, no por una palmadita en la espalda o para poner en paz nuestra conciencia, sino para sembrar el Amor de Dios en el mundo.

¡Vivamos la Navidad! Preparemos nuestro corazón para que sea el Belén de hoy, que sea el humilde pesebre donde nazca el Niño Jesús y que la gracia de Su Amor perdure para que vivamos todos los días del año con el mismo espíritu de Amor que nos evoca la Navidad.

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