Decálogo para una familia feliz

Por: Ricardo Camargo

Trabajador social, con Maestría en curso en Dirección de Recursos Humanos, director de Ser Fraterno; esposo y papá.

Cuando se toma la decisión de formar una familia se hace con la ilusión de vivir felices, de compartir con la persona elegida todos los días de la vida; de llegar juntos hasta la vejez, hasta que la muerte los separe.

Si esa es la intención de los enamorados al momento de unir sus vidas: “para siempre”, ¿por qué hay tantos casos de divorcio, infidelidad y abandono del hogar?

Parece que la sociedad moderna ha desconfigurado el significado del amor, reduciéndolo a un sentimiento. Para comenzar con este decálogo, vale la pena aclarar que el amor es una decisión, como sostiene Tomás Melendo: “Amar es un acto exquisitamente humano, el más humano que cabe efectuar; un acto inteligente, voluntario y responsable, muchas veces esforzado, siempre generoso, liberal, libre”1.

Es por eso que el amor está llamado a perseverar más allá de un sentimiento. Es la decisión de querer permanecer a pesar de las dificultades; la decisión de continuar con el firme propósito de conseguir esa felicidad tan anhelada.

En conclusión, el amor es una decisión que conlleva una acción permanente; por eso, se puede afirmar que la familia se construye día a día, se hace en los detalles, en el perdón y en muchos actos concretos de amor.

A continuación se mencionarán diez actos concretos de amor que contribuirán a hacer realidad ese sueño de ser una familia feliz, aún en las dificultades.

1. Cuidar el matrimonio cada día como quien cuida a un recién nacido: proteger ese hogar con el mismo esmero, dedicación y amor con el que ambos cuidan a un hijo que acaba de nacer.

2. Poner siempre al cónyuge en primer lugar, por encima de los papás y los hijos: la felicidad en el hogar empieza con la sana relación de los esposos. El mejor regalo para los hijos es ver que sus padres se aman; el mejor regalo para los padres es ver a sus hijos con un matrimonio feliz. Los vínculos paterno-filiales, además de construirse, vienen dados por la naturaleza, pues padre e hijo comparten la misma sangre; sin embargo, el vínculo de los esposos permanece por una decisión, no hay algo más que los mantenga unidos que el amor.

3. El amor es fecundo, y el matrimonio está llamado a dar vida: se es fecundo en los hijos, fruto del amor de los cónyuges; en los sueños cumplidos, en ver al otro crecer como persona y alcanzar la felicidad; en el servicio, como familia, a los demás; en la capacidad de inspirar a otros, desde el ejemplo, a construir familia y a perseverar en ella.

4. Comunicarlo todo: no guardarse las cosas por temor, hablar de las cosas que parecen insignificantes, pero que pueden hacer daño; hablar en el momento adecuado, en el lugar adecuado, con el tono adecuado y a la persona adecuada, es decir al cónyuge. Hablar de lo bueno y lo malo. De lo que se siente y se espera. Hablar, hablar y hablarlo todo, es decir, no hacer cosas que no se puedan contar.

5. Ser transparentes en el manejo de la economía: saber que los cónyuges están llamados a ser uno sólo aún en el manejo de la economía. El matrimonio no es una empresa de socios que se divide por mitades; es una unión en la que ambos están llamados a luchar por las metas comunes, incluidas las financieras. Cuando se maneja una economía unificada y transparente no hay secretos sobre los ingresos o los egresos, no hay “tuyo” y “mío”, sino “nuestro”.

6. Conquistarse cada día: para mantener vivo el anhelo de seguir amando, Cristian Conen propone vivir los cuatro rituales del amor: 1) beso y abrazo diario, para que no falten las caricias en el matrimonio. 2) Día de esposos: un tiempo a la semana a solas con tu cónyuge, a solas para los dos, idealmente fuera de casa. 3) Fin de semana familiar: al menos una vez al mes, el núcleo familiar comparte actividades que todos disfrutan. 4) Celebrar el aniversario: con más alegría que con la que se celebran los cumpleaños. Si es necesario sacar un préstamo, no será un gasto… será una inversión.

7. Ser los mejores amigos: tener una relación tan íntima con tu cónyuge que no necesites un mejor amigo o una mejor amiga fuera de casa; saber que los mejores planes son en compañía de tu cónyuge y que de todas las personas en el mundo, es en él/ella en quien más confías.

8. Perdonarse cada vez que sea necesario: es decir, siempre. Tener crédito ilimitado en perdón, sabiendo que pedir perdón implica arrepentimiento, sinceridad y compromiso de no volverlo a hacer. No irse a dormir peleados, ni hacer de cuenta que “nada pasó”. Pedir perdón y perdonar. El perdón implícito hace mucho daño.

9. Lo que es importante para tu cónyuge debe ser importante para ti: amar es querer el bien del otro por encima del propio; es darles la prioridad a las cosas que para tu cónyuge son importantes y especiales, aun cuando eso implique que debas renunciar a ciertas cosas. Si ambos se están esmerando por darle prioridad a lo del otro, serán dos buscando la felicidad del otro.

10. Planear para no improvisar: la familia es un proyecto en común, en el que todos sus miembros son importantes, por eso es necesario planear –ojalá anualmente– lo que como familia quieren conseguir durante el año, teniendo en cuenta lo que quieren los esposos y los hijos. Así todos tendrán un mismo norte y podrán cumplir sus sueños juntos.

(1) Melendo, T (1992). Ocho lecciones sobre el amor humano. Editorial Rialp S.A

Contáctanos

Estamos ubicados en Zipaquirá, Cundinamarca

Dirección

Calle 14a # 20 71 Zipaquirá, (Colombia)

Número Telefónico

+57 304 5212392

Tu mensaje ha sido enviado. ¡Gracias!