El verdadero valor de la maternidad: una vocación 100% natural

Este 13 de mayo se celebra el Día de la Madre en Colombia (que coincide, precisamente, con el día de la Virgen de Fátima, nuestra Madre del cielo). La Fundación Ser Fraterno reflexiona en este artículo sobre lo que significa realmente ser mamá, en tiempos en que se ha querido relativizar esta vocación y asumirla como un rol o una opción más de realización personal.

Por: Claudia Venegas, psicóloga

Soy una mujer que ha tenido la gracia de ser madre de cuatro hermosos hijos, quienes me han hecho vivir grandes emociones y me han exigido ser cada día mejor como persona; además, son mi brújula, pues con ellos he adquirido una gran sensibilidad que me ha llevado a profundizar en mi misión de amor.

Quiero compartirles que mi realización plena se ha ido construyendo desde esta bella experiencia, porque formar a personas que tengan como piedra angular el respeto a la vida y, por lo tanto, la dignidad de los demás, me permite vislumbrar la grandeza de la maternidad en todas sus dimensiones. Asimismo, puedo decir que esta vocación, que es inherente a mi naturaleza, me ha hecho transcender como persona, ya que estoy en un continuo aprendizaje cada día. Sin embargo, evidencio con tristeza la forma en que la palabra maternidad y la figura que esta representa se ha desvalorizado en nuestros tiempos.

Como ya sabemos el término maternidad ha tomado gran importancia en estas últimas décadas. Por ejemplo, forma parte de discusiones entre algunos sociólogos, psicólogos e ideólogos contemporáneos que ponen en entredicho la verdadera vocación de la mujer, pues afirman en sus discursos relativistas que la figura materna no forma parte de la identidad femenina. Es claro que estas posiciones frente a la maternidad hacen que su significado se distorsione, y generan en la sociedad un prototipo de mujer que no corresponde a su propia naturaleza.

Pero, ¿qué es en realidad la maternidad?, ¿cuál es su verdadero valor y cómo podemos recuperarlo? La respuesta a estos interrogantes la tendremos en cuenta a continuación, y nos ayudarán -posiblemente- a resignificar el valor de la figura materna y su importancia en la sociedad.

¿Qué es la maternidad?

Para responder esta pregunta recurrí a algunos especialistas de familia, así como a la experiencia de algunas madres; todos acertaron en que la maternidad tiene algunos ingredientes que le son característicos, como por ejemplo: es un regalo para toda la vida, es dar todo y lo mejor, es educar con amor, es un proceso de humanización y aprendizaje, es vivir en un nosotros, es fuente de crecimiento en virtudes, es generosidad, invita a ir más allá de nosotros mismos, es saberse preguntar qué necesitan de mí mis hijos, es preparar para la vida, es saberse volver innecesaria, es unirse a la obra creadora de Dios.

Por mi parte, me atrevo a afirmar que la maternidad no puede existir sin la figura de la paternidad, la cual no es solamente representada con la imagen del hombre (padres biológicos, adoptivos, familiares cercanos como tíos o abuelos y padres espirituales), sino también con Dios Padre, quien es nuestro creador y nuestro fin. Esta existencia de la paternidad y de la maternidad hace que se identifique claramente, según Álvaro Sierra (2008), que la forma de ser madre o padre va más allá de las funciones y los roles. Ello confirma que hombre y mujer están diseñados para complementarse y por lo tanto, vivir en equilibrio.

¿Qué valor tiene la figura de la maternidad?

Todas las características dichas anteriormente nos invitan a descubrir la maternidad como un llamado que Dios hace a las mujeres de diferentes maneras (madres biológicas, adoptivas, familiares cercanas como tías o abuelas y madres espirituales). Este llamado tiene como propósito principal dar a luz a nuevas generaciones que sean fuentes de paz y de misericordia. Es así que la mujer se da totalmente, a través de la apertura de su ser, a la vida, a los hijos, a esas personas que le son confiadas para su formación como hombres y como mujeres del mañana

Según la carta del papa Juan Pablo II de Mulieris Dignitatem sobre la dignidad y la vocación de la mujer, "la maternidad está unida a la estructura personal del ser mujer y la dimensión personal del don". Esto quiere decir que las mujeres no solo prestan su carne para dar vida, sino que entregan todo lo que son, permitiéndose desarrollar nuevas maneras de amar, de ser y de hacer a través de la donación entera de sí mismas.

¿Cómo recuperar el valor de la figura maternal?

El valor de la figura maternal puede ser restaurado, y para esto se debe comprender que la maternidad no es un constructo social que evoluciona según las diferentes corrientes de pensamiento que van surgiendo en la sociedad. Según el Papa Juan Pablo II, "la maternidad está inscrita en el orden natural de la fecundidad humana" (Audiencia 5 de septiembre de 1984), esto quiere decir que no es cambiante, no evoluciona y no depende de la ley humana.

Otro aspecto importante que se debe tener en cuenta es que tanto hombres como mujeres tienen características y cualidades propias, pero una misma dignidad (Audiencia del Papa Juan Pablo II el 6 de diciembre de 1995), pues tienen el mismo valor al estar compartiendo la naturaleza humana. Sus características los hacen complementarios, permitiéndoles lograr su propósito de vida.

Finalmente, me gustaría resaltar que los hijos no son un obstáculo para el desarrollo pleno de la mujer, por el contrario, como ya lo expresé al comienzo de este escrito, ellos nos permiten transcender como personas y mantenernos en una actitud de anonadamiento ante la creación de Dios, la cual alimenta nuestra fe, permitiéndonos tener un encuentro con nuestra verdadera forma de ser mujer a través de la maternidad (en cualquiera de sus expresiones).

Recordemos

  • La maternidad es un llamado o misión que tiene toda mujer para su realización.
  • La maternidad no es un constructo social, pues es inherente a la naturaleza de la mujer.
  • La maternidad es el don total de la mujer en cualquiera de sus expresiones.
  • La maternidad ayuda a la mujer a desarrollar nuevas maneras de amar, ser y hacer.
  • La maternidad –y la paternidad- es fuente de esperanza, pues permite soñar con nuevas generaciones que pueblen una nueva civilización donde reine la paz y la misericordia.

Referencias

Álvaro Sierra (2008) La afectividad. Eslabón perdido de la educación. Eunsa: Navarra y Ediciones Universidad de la Sabana: Chía.

Juan Pablo II (1984) Audiencia general 5 de septiembre.

Juan Pablo II (1988) Carta apostólica Mulieris Dignitatem sobre la dignidad y la vocación de la mujer con ocasión del año mariano.

Juan Pablo II (1995) Audiencia general 6 de diciembre.

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